Las obras interminables siguen despertándome cada mañana. Luego siguen ahí, pero yo ya no escucho nada, solo el aire que llega a cada rincón de aquí, dentro de mí, y luego un vinilo escogido al azar según el frío de hoy.
Estas serán, por el momento, las vacaciones de verano más frías de todos los tiempos. No habrá bañador, ni playa, quizás no haya ni sol. Es otro viaje al norte, como aquél, pero con otras coordenadas. Miraré por la ventana y la luz me deslumbrará, tanto, que pudiera quedarme ciega así, con esa última imagen grabada por siempre en mis ojos, y no me importaría. No me importaría si alguien me leyera cada noche un poco de Agustín, un poco de Haruki. Pusiera vinilos de Joaquin o de Nacho por mí.


