viernes 17 de febrero de 2012

summer holidays

Las obras interminables siguen despertándome cada mañana. Luego siguen ahí, pero yo ya no escucho nada, solo el aire que llega a cada rincón de aquí, dentro de mí, y luego un vinilo escogido al azar según el frío de hoy.

Estas serán, por el momento, las vacaciones de verano más frías de todos los tiempos. No habrá bañador, ni playa, quizás no haya ni sol. Es otro viaje al norte, como aquél, pero con otras coordenadas. Miraré por la ventana y la luz me deslumbrará, tanto, que pudiera quedarme ciega así, con esa última imagen grabada por siempre en mis ojos, y no me importaría. No me importaría si alguien me leyera cada noche un poco de Agustín, un poco de Haruki. Pusiera vinilos de Joaquin o de Nacho por mí.

lunes 13 de febrero de 2012

your h*bday

Ocurre sin querer, de una forma muy sutil.

Yo no me di cuenta, andaba liada trasteando con el iPhone, cuando me sorprendí a mí misma recordando que había olvidado la fecha de tu cumpleaños. No la sé. No me acuerdo. ¿Cuándo fue? ¿Qué le regalé? Y no hay respuestas porque la he olvidado sin más. Y no tengo opción de recuperarla. No puedo buscarte por ninguna red social, no estás más allá del limbo de mi memoria y, sin embargo, cada vez más lejos, porque ahora para colmo, no recuerdo la fecha de tu cumpleaños. Y ya lo he conseguido. Ya te he vencido. Sólo queda lo que no tire descuidadamente y arroje conscientemente lejos de mi cabeza.

Y no eres el primero. No lo fuiste antes, no lo eres ahora. Recuerdo un aroma que me devolvió un tiempo maravilloso, pero se esfumó al alejarse de mí. Y con aquel perfume que me crucé, se fue todo el detritus que me quedaba de él.

Así que una vez fue un perfume, ahora un cumpleaños. Así de fácil. Y yo que creía que la salida estaba en otro sitio, que el alcohol iba a matar aquellos recuerdos, y mira por dónde, tengo agujetas de la sonrisa tonta que llevo puesta todo el día.

jueves 2 de febrero de 2012

Hoy no he atropellado a nadie. El día está frío y pedaleo despacio, aprovechando que la Castellana está vacía, que me da el sol en la cara y no tengo prisas en llegar. Y sin querer se me escapa una sonrisa y me cruzo con otro igual que me la devuelve. Y comienzo a cantar, la música está en mi cabeza, me sé la letra de memoria. Y me siento feliz. No me hace falta mucho más.


(Maktub)


sábado 14 de enero de 2012

2012

Estoy por aquí. Sólo que buscando mi álter ego.
Y esperando un mail, que no va a llegar, porque yo no tengo agallas.
Voy a cortarme las uñas,


a ras. Un poco más, para que duelan todo el rato.
Y voy a seguir esperando.
Mientras no me asfixie.
Mientras no me falte
aire.

martes 13 de diciembre de 2011

smile :)

Sonríe. Hay un coolhunter a la vuelta de la esquina esperando a que pases a las nueve de la mañana, y aunque hayas estado la noche trabajando en el hospital debes estar radiante, con el cutis limpio y perfecto, sin ojeras. Tu cuerpo debe aún ser capaz de no doblegarse ante el frío, el dolor de espalda, los tacones que arrojarías contra la pared. Y sabes que ellos no se lo merecen, no tienen la culpa de que se te haya olvidado alzarte y pasear a kilómetros del suelo.

Sonríe. Está esperando en el semáforo el coche que controla el carril de autobuses. Va a pasar mientras estás distraída mirando Twitter. Y no te vas a dar cuenta, pero te va a grabar y tienes que estar perfecta, mantener el peinado de hace media hora delante del espejo, no te debes aún haber echado a perder el maquillaje, el rímel debe seguir en su sitio.

Sonríe. El día está gris, la niebla lo envuelve todo y no ves a un palmo de ti. Pero no les des razones, tú eres perfecta, no saben ni una cuarta de ti, no les importa. Escóndete bajo tu sombrero, usa gafas de sol aunque no lo veas pero hoy debes estar espectacular. Pueden fotografiarte en cualquier momento, turistas que te confunden con ella, niñatos que quieren crecer de golpe, obscenos del metro, aburridos niños de papá, cualquiera que no importe una mierda.


Aún así, sonríe. Hay un silencio maravilloso calle abajo y las cámaras del ministerio van a grabar tus contoneos hasta cuando estén tristes.

domingo 11 de diciembre de 2011

mariposas [2]

Y en cada rincón de mi piel
ya no habrá flores que
atraigan mariposas,
sólo abejas que
piquen y se lleven
mi olor a tu nariz,
mis colores a tu retina.





Y arañas que tejen redes que
te envuelven y atrapan,
te afixian.

miércoles 7 de diciembre de 2011

mariposas [1]

He matado una a una todas las mariposas que anidaban en mi estómago. Las he ido asfixiando para evitar que destruyan con el batir de sus alas las ideas que en mi mente resurgen. Algunas han sobrevivido al holocausto y sé que en cada estornudo las voy a ir expulsando de la vida de comodidad, y felicidad y revoloteo, al tedio del aire que respiro y que vicia cada habitación de hospital. 

Y así, con todas muertas y sin tiempo a plantar huevos, voy a encontrarme contigo. Y todo fluirá como si fuera de metal, y mirarte será mirar por la ventana, y abrazarte será abrazar una secuoya, y acariciarte será acariciar la nieve, que me quema y congela sin tiempo a decir nada. 


jueves 1 de diciembre de 2011

31 de NOVIEMBRE

te has acostumbrado a abandonarme,
a olvidarme en carreteras secundarias.
tú, que has celebrado todos nuestros funerales
dejándote caer por otras camas

me has acorralado con embustes.
no me busques, por favor, no te molestes.
yo, que siempre te querré como es costumbre
cada 31 de noviembre


quiero que me quieras sin querer,
que te quieran como nunca me has querido,
que tus maridos no sacien tu sed,
que les engañes a todos conmigo


te has arrepentido a mis espaldas
de jugarte a doble nada nuestra suerte.
tú, que regresas todas nuestras madrugadas
llorando porque nadie te quiere

me has querido como a nadie.
como nadie has querido hacerme daño.
y yo, que en tus labios he sido tan culpable,
hoy me culpo de esperarte en otros labios


quiero me quieras sin querer,
que te quieran como nunca me has querido,
que los tequilas no sacien tu sed,
que les engañes a todos conmigo



Alfonso Rivero, 29 de junio de 2010

sábado 26 de noviembre de 2011

black friday

Así que me trajeron los alfajores Havanna. Y como un caballero me acompañaste al taxi. Y me besas cada vez que me ves. Y cuidaste de mí y te percataste de cubrirme el cuerpo delante de todos. Y cada vez que me ves me dices Princesa. Y te gusta el sonido que hacen mis zapatos planos al andar. Y miraste por la escalera para ver quién subía, y era yo. Y eras. Y a tu espalda me tumbé y respirábamos al compás. Y vimos muchos atardeceres desde el salón de mi casa, guitarra en mano. Y en nuestro restaurante ponen los mejores nachos de Madrid. Y mentí por pasar las noches contigo. Y fui tu final feliz de noche. Y fui tu amor de verano. Y me vas a dedicar una canción. Y tengo tu mirada polarizada y tu polaroid a modo de marcapáginas. Y tengo la sensación de tu mano apretada a la mía. Y tu abrazo fuerte. Tus noches de hospital dormido en el sillón. Tus noches de hospital llorando que no quieres.


Madrid, 17 de mayo de 2010




Que así no tiene sentido luchar por su vida, que se quede su risa, que se vaya su dolor. 

martes 22 de noviembre de 2011

FRÍO

Ayer, camino del hospital, me preguntaba cuándo iba a empezar el frío. MI FRÍO. Cuándo iba a rescatar las bufandas de lana que aún guardan el aroma que me acompañó el año pasado. Cuándo no iba a poder dormir porque seguía con los pies fríos media hora después de meterme en la cama cada mañana, puntualmente a las nueve. No vale con llover torrencialmente mientras escribo, mientras disfruto de conciertos y copas de vino en una casa de madera, rodeada de verde, lejos de aquí. Huele a tierra mojada, pero me gusta incluso más oír el crepitar de los copos de nieve contra el cristal. Quiero ver la playa, pero quiero otra playa. Quiero sol, pero no mucho, que me pican los ojos si lo miro fijamente. Quiero frío. Mi frío. Que vuelvan las mañanas de frío, del que te corta la piel si te besa, de ése. Ese frío. Mientras suena algo de fondo. Algo así, que caliente el aliento.




domingo 20 de noviembre de 2011

CONQUISTANDO LAS ESQUINAS

Hay cuadernos a medio escribir esperando ser gastados, desgarrados tras arrancar las únicas hojas donde salvar algunas frases. Y sin embargo, escojo uno nuevo para empezar una lista nueva. Como si fuese enero, septiembre, lunes, el día primero del mes. No sé cuál ha sido el hecho que me ha llevado a sentirme con la fuerza de empezar de cero un domingo a mitad de noviembre. Será que es otoño, será que es domingo. Que llueve fuera y sale humo de la taza de café. Estoy recién duchada y no se escucha a un alma transitar por la calle. No sobra nada en la memoria que me atormente, tengo la meta clara, delante de mí. Y voy a empezar. Conquistando las esquinas. 

Conquistando las esquinas a la sombra de tu ciudad, jugándome al parchís las letras que no te escribí, mandándote coronas de flores el día de tu cumpleaños, brindando con vermut cada martes que antes perdí porque un lunes se lo tragó. Ya voy a empezar, ya voy. Espérame a las siete.
Calle Puebla, número Ocho.

martes 15 de noviembre de 2011

canas al aire

Hoy he sacado mi bicicleta nueva a pasear. He ido dando la vuelta mayor hacia el hospital, con las manos heladas y la nariz roja del frío. Llevo en la cesta el maletín y en la mano un termo con chocolate caliente que bebo a sorbos en cada paso de peatones. Son casi las 9 de la mañana y ya estoy cansada. La sobremesa de ayer vio a la luna aparecer y tengo el informe sin terminar. He pedaleado por todos y cada uno de los que no están, he bebido y celebrado la vida por cada uno de los que no cumplirá ni los quince, ni los cinco años. He sonreído recordando el café que te hizo temblar la voz y el abrazo que nos besó una tarde en Malasaña, he visto la playa del norte en mi cabeza y he vuelto a abrazar secuoyas.


Por cada recuerdo feliz, me crece una cana que no teñiré jamás. 

miércoles 9 de noviembre de 2011

MAGDALENAS DE CALABAZA

Hay magdalenas de calabaza recién hechas y huele a flores al entrar. Cierra rápido la puerta, que no se vaya el calor. Pon un disco, ése no, el último, el que aún no tienes. Deja que la aguja lo acaricie. Y silba mientras te diriges a la mesa de madera blanca. Acaríciala con los dedos, martilléala mientras enciendes el Mac. Y vomita por fin todo lo que tienes dentro, hace ya mucho tiempo desde la última vez. Escribe desde lo que te aprietan las medias en tus deditos de los pies hasta la horquilla que se ha llevado un debilitado pelo que ya no te soportaba más. Escribe. Escribe. ESCRIBE. Cuando por fin termines, sonríe. Dale la vuelta al disco y corre a la ducha. Sírvete una copa de vino, mírate en el espejo, desnuda aún y brinda contigo y bebe despacio. No te quites la vista de encima, vístete tranquila y no olvides el lápiz de ojos. Coge las llaves, el móvil, perfúmate y no apagues la música. Alguien tiene que esperarte a la vuelta.

sábado 8 de octubre de 2011

mis últimos 27

El lunes despertaré con resaca del vino que tomaré en la cena, y para calmarla brindaré por el año nuevo otra vez. La cena habrá transcurrido lenta, apetecible y sin sobresaltos, que ya no tengo edad para sustos. Ya no tengo edad para fiestas de cumpleaños, para soplar velas en tartas de galletas y chocolate. Vestiré de negro, que nadie lo dude, ya lo dijo Coco y yo lo necesito. Puede que duerma la siesta, si la sobremesa deja opción, y ojalá que no lo haga, que se enreden las risas unas con otras, que los besos no despidan nunca, tan solo reciban lo bueno que está por llegar. Porque llegará la hora del brunch y tomaré huevos revueltos y recordaré todos los brunch y todos los huevos y todos los revueltos que pasaron de puntillas por mi dermis. También tomaré café, y no lo pediré como a ti te gusta, que ya no estás aquí, que ya no hay sitio para ti en mi cabeza nueva. Y me despertaré con frío en los pies, ya es la época, y con rabia de abandonar las sábanas que te envuelven. Porque me habré acostado con la convicción de que desaparecer en domingo es el mejor de los propósitos del año nuevo. Y habrá terminado la guardia sin poder haberme despedido de mí y de mis últimos veintisiete. Y no me habré dado cuenta, que al salir  de casa, olía a lirios en el salón, a nardos en la habitación. 

lunes 12 de septiembre de 2011

09.11.2011

En Tokio hace horas que ya es doce de septiembre. Y no pasa nada.

Mi Timeline me reproduce la segunda cinta de Sex And The City mientras yo intento vomitar todo lo que me sobra del cerebro. No es éste otro texto alegre que os haga reír, ¡ja! Yo sigo atrás mientras la gente avanza. Parecía que sí, pero me he sentado en mi propio umbral a mirar perdidamente hacia el infinito. Las rodillas dobladas y arropadas por mis brazos, siento frío y creo que necesito un cigarro. Prender una cerilla y prenderle fuego al mundo.

Y tranquilos, que guardaré las cenizas en un tarro sobre la mesilla de noche. Y cada día os lloraré un poquito. Y no pasará nada. Porque NUNCA pasa nada.

jueves 1 de septiembre de 2011

uno, septiembre, dos mil once.

Tengo que reconocer que llevo toda la tarde esperando a que el cielo descargue con fuerza. Respirar un poco de ese olor a lluvia y seguir. Seguir con este septiembre que empieza fantásticamente gélido y se torna gris el primero de todos sus días. Ya no recuerdo sobre qué quería necesitaba escribir así que seguiré hablando del tiempo. Y de Twitter. Porque resulta que el presidente está en París. Yo nunca he estado en París. A punto he estado de ir, varias veces ya. Están todos allí hablando de Libia y Gadafi. Todos menos Gadafi. Tampoco he estado en Libia. Tailandia se ha puesto de moda, pero yo tampoco he estado en Tailandia.

Y sigue sin llover.

Tengo un helicóptero sobre mi cabeza a punto de estallar, mi cabeza (espero que no lo haga el helicóptero). Nunca he montado en un helicóptero y mi cabeza la voy a resetear. A veces quiero llegar a trabajar un día y ser la chica nueva, empezar de cero, y van cinco años en los que todos sabemos hasta cómo nos gusta el café. Y yo he dejado ya de tomarlo. Por si acaso.

Hoy he nadado. Mil metros. Y luego ya, me he sentido mejor. 

No he podido evitarlo. Me he comprado el catálogo de Ikea. La empresa de Correos anda floja últimamente. En crisis, que les gusta decir a muchos. Y yo estaba indignada porque no lo he recibido aún. Indignada, esa palabra también les gusta a muchos. El catálogo, cinco horas después, está cerrado sobre la mesa. Huele a nuevo. Pero no como a los libros nuevos del colegio, ni a los de novela. Es otro olor a nuevo. Tal vez a los de poesía. Quizás sí, a los de poesía.

Y me voy a dormir. Por si mañana suena temprano el despertador y a la cama le da por vomitarme un asqueroso viernes. 

lunes 29 de agosto de 2011

29 de agosto

Tengo treinta minutos antes de salir de aquí. Pero antes debo decirte que tengas cuidado. Las hojas de algunos árboles del parque que atravieso al volver del Hospital se están oscureciendo, el sol las está quemando y su color es ahora marrón. Y no caerán, se adaptarán al paso del tiempo, a las estaciones que vendrán, al frío que las congelará. Y yo me adaptaré con ellas. Me moldearé al paso del tiempo, respetaré las líneas de expresión que se empiezan a dibujar en mi cara y que serán por el tiempo que dedico a ser feliz y no por el que me encierro a llorar por cada cuerpo que nos deja, a llorar por cada vez que mi cuerpo recuerda que le dejaste desnudo en la cama antes de partir. 


Recuérdalo, las hojas están cambiando de color, el mar está revuelto como revuelto el patio de un colegio. La niña que habita en mí juega todavía escribiendo cartas tristes y guardándolas en un cajón. Las tuyas han desaparecido con la penúltima mudanza. Con la última te dejaré entre estas paredes y no pronunciaré tu nombre de aquí a la eternidad. A la eternidad del amor que tengo entre mis manos.

Recuérdalo. Debo irme. 

jueves 11 de agosto de 2011

mis problemas sociales [5]

Me he dejado llevar. Me he dejado llevar por mí y me he encerrado en mi universo, porque yo no tengo mundo, no, yo tengo un universo. Donde todo es amarillo, del color de mis últimas Ray-Ban. Tengo el sol en mis ojos, no me hace falta verle salir cada mañana, podrían ser todos los días grises, lluviosos, días grises y lluviosos de otoño, de noviembre, tal vez de octubre. Tengo sed de lluvia. ¿Cuándo va a terminar este jodido calor? Mis piernas, mis neuronas, ya no lo soportan. Tengo el sol en mis ojos y a veces, como contrapunto: me arden. Y tengo sed de lluvia.
En mi universo las leyes de la comunicación cambiaron hace tiempo. Si te quiero llamar lo hago con mis ideas, con mis recuerdos... Hago uso de la telepatía emocional, te pienso, te recuerdo, me preocupo porque todo te vaya bien y justo tres días después, recibo alguna noticia tuya. Nada personal, sólo una nota en alguna red social, alguna fotografía donde se ve que sonríes, que te indignas, que te mojas. Y creo que es la mejor manera de tenerte cerca: no saber de ti. ¿Tú piensas en mí? 
No me mientas.

Sigo aburriéndome en la gran mayoría de las conversaciones que me rodean. Han cambiado mis intereses. Pero no sé hacia dónde han cambiado. He ido borrando mis huellas de las redes sociales, no hay fotos y cada vez menos caralibro y cada vez más mensajes de 140 caracteres. Hasta que nos mudemos todos juntos a otro lugar. Mi iPhone no me avisa de tu cumpleaños así que este año he pecado de estúpida social pero la culpa no es suya, ni mía, sólo tuya. ¿Acaso alguien me dijo algo cuando leyó en su pantalla que había cambiado mi situación sentimental de complicada a viuda? ¡Vamos! ¡Que estoy esperando las coronas de flores! ...
Pues así con este panorama: me he aficionado a los masajes. No hay ninguno que supere al que recibí en Asia. Mis piernas temblaron como en un orgasmo. Voy probando todos los spa de Madrid y descubriendo que tengo el mejor a 5 metros de mí. Me he vuelto más calmada y reflexiva, he parado la ansias de la aceleración en que me sumió esta ciudad y a la que tanto agradezco. Ya no la odio, ya no cuesta volver. Ya sólo odio pequeñas cosas sin solución. Pequeñas cosas. Pequeñas cosas que siempre aún me hacen llorar.
Aunque a veces sigo necesitando un empujón para seguir. Me sigo cortando el pelo por no tirarme desde lo alto y estamparme contra el suelo. En mi hospital harían lo posible por salvarme y a veces lo que necesito es volar. Me cambio de casa, me mudo la piel y no me olvido de cambiarle el agua a las flores del salón. Por momentos me siento perdida y otras en una absoluta paz, cuando me siento en la terraza y desde allí veo y huelo el mar.
Mi universo entero se detiene otra vez.







jueves 14 de julio de 2011

Nueva York


Las japonesas viajan solas con bolsos de Gucci, grandes gafas de sol y sombreros de rafia, el plano en una mano, en la otra un frapuccino de Starbucks y la cámara colgada del brazo. Madrid se parece cada vez más a Nueva York, las mujeres de oficina van con deportivas por la calle y zapatos de tacón en una bolsa de papel, nadie les ha dicho que esa moda es atroz y ridícula, ¿nadie?, ¿no leen a Wintour? El Retiro es sólo una tercera parte de Central Park y ahí también se han producido crímenes pasionales que no impiden que la gente acuda masivamente cada día a tumbarse en el césped. La Gran Vía tiene ansias de Times Square, con luces de neón en cada tienda que se reforma y bullicio insaciable, de gente de aquí y de allá que pasea comprando en franquicias internacionales. Pero a la Gran Vía le faltan Glenn McDuffie y Edith Shain. Yo me propongo, puedo ser como ella, puedo balancear mi cuerpo con su mano sujetándome desde la cadera, echar hacia atrás mi pierna derecha rozando con la punta del pie el suelo para no perder el equilibrio y cuando se despeguen nuestras bocas, abrir los ojos y no encontrarte entre la multitud alrededor y seguir y vivir como si nunca te hubiera besado yo. Puedo hacerlo, puedo buscar zapatos blancos de medio tacón y una cofia si quieren. Puedo, puedo ser como ella la protagonista de Nueva York.
Déjenme.

(dejénme soñar, volar, regresar a NY)

sábado 11 de junio de 2011

la chica del vestido rojo

La chica del vestido rojo espera en la parada del autobús. Más de veinte minutos viendo pasar coches delante de ella. A veces se repiten los mismos que dan la vuelta a la manzana buscando aparcamiento, ve coches negros, grises, azules, rojos, alguno amarillo. Ve matrículas nuevas, viejas, de Madrid, y recuerda viajes en autobuses con su madre al pueblo adivinando las ciudades de los coches por las letras que había en las matrículas. Y esto fue hace ya muchos años. Ahora resulta imposible, ¿a qué jugarán las madres y las niñas cuando viajan? ¿De qué hablarán? ¿De qué hablaba ella con su madre? Ese coche ha pasado ya tres veces, piensa. No tiene garaje. Si juntara a todos los que van en coches, así de uno en uno ocupando todos los asientos, menos coches pasarían por allí, menos gente se la quedaría mirando. Y piensa que alguien tal vez haga un estudio contando viajeros y coches y haga las cuentas de los coches ocupados al completo y de los coches vacíos, y de los gases y de la contaminación y como los que podrían hacer algo al respecto se lo pasarían por el forro. Total, a ella no le importa. Ella ayuda al mundo con otras cosas y otros asuntos y otros favores que nadie sabe, que nadie ve, que nadie entiende.

La chica del vestido rojo está pasando frío en la parada del autobús. Un chico se acerca y se para justo delante de la marquesina y se lía un cigarro y se lo fuma y lo tira contra la acera y lo pisa y lo apaga. Ella no ha dejado de mirarle, porque tiene frío y desearía que se sentara con ella en la parada del autobús y le abrazara. Y no le importa si es feo, ella ha besado a feos. Y no le importa si sabe a tabaco, ella ha besado tabaco. Y total, piensa, sólo quiere que le abrace y le quite el frío que le sube por la espalda y le martillea la cabeza. Piensa en su tumor, latente durante tanto tiempo, quizás ha vuelto, quizás para quedarse. Quizás no sea un tumor, pero es su enfermedad, la mata cada día un poco más. Y piensa en los que han muerto. Los enfermos muertos. Los enfermos. Los muertos. Los hospitales, los tanatorios. ¿Cuándo se morirá ella? ¿Está empezando ya? ¿Se muere ya? Porque si empieza ya, dejo esta cerveza encima de la mesa y cruzo corriendo la calle y le miro a los ojos y no le digo nada, sólo la abrazo y dejo que llore hasta que se le acaben las lágrimas y me empape la camiseta y se quede dormida mientras le acaricio los pies.

Eso haría hoy mismo, pero acaba de pasar un autobús y la chica del vestido rojo ya no está. Puedo esperar hasta mañana. ¿Puedo?